Scottadito, o “dedos quemados”, es la forma romana de comer las chuletitas de cordero recién sacadas de la barbacoa, cuando el hueso todavía quema al cogerlo con la mano. Aquí parto de esa idea y me la llevo a Grecia: primero las mojo en una crema suave y después las paso por un toque crujiente. Una combinación sencilla y buenísima.
Precalienta la barbacoa al máximo (315 °C). Ralla finamente la piel de 1 limón y resérvala.
Tritura en una batidora o en un procesador pequeño el feta con el zumo de 1 limón y 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra hasta obtener una crema lisa. Ajusta de sal y pimienta y guárdala en la nevera hasta el momento de servir.
Aplana ligeramente las chuletitas hasta dejarlas en algo menos de 2 cm de grosor. Salpimienta y úntalas con 1 cucharadita de aceite de oliva.
Cocínalas en la rejilla bien caliente durante 10 minutos con la tapa bajada, o hasta que estén doradas, crujientes y bien marcadas, dándoles la vuelta con regularidad. Si usas el orégano, úntalo con 1 cucharada de aceite y úsalo como brocha aromática mientras se hacen.
Mientras tanto, machaca los pistachos en un mortero hasta dejarlos finos. Mézclalos con el pimentón, la ralladura de limón reservada y un poco de sal y pimienta.
Sirve las chuletitas, exprime por encima el zumo del medio limón restante y pasa cada una primero por la feta batida y después por el pistacho. Están buenísimas tal cual, aunque también van genial con patatas fritas y una ensalada verde sencilla.